¿No sé si es mucho suponer? Qué
todo el mundo, en algún momento de su vida, se habrá planteado
que, si la ciencia preestablecida afirma que, ya hace casi cinco mil millones
de años que la tierra se formó, y, que, el hombre, tal y
como lo conocemos hoy, pulula por ella desde hace dos mil millones de
años… ¿Qué narices ha estado haciendo todo
este tiempo? O, hemos de entender que, en dos millones de años,
siendo el hombre tal y como es hoy, solo en estos últimos ocho
mil años, ha querido avanzar, crear civilizaciones y desarrollar
su potencial creativo. ¡Porque señores! Es precisamente esto,
lo que se nos da a entender con la ciencia actual.
Bueno, pues, yo, no creo que la evolución sea un proceso lineal,
siempre hacia delante, sino, algo parecido a una rueda cíclica,
de evoluciones e involuciones, según el magnetismo y la gravedad
de los planetas o, del cosmos, en un sentido más amplio, ejerzan
sobre la tierra y, en consecuencia, sobre nosotros, meras moléculas,
en comparación al vasto Universo donde habitamos.
Actualmente, la creación del Universo, se entiende por un fenómeno
de atracción, me explico: Tras la explosión que dio origen
al cosmos, hubieron zonas del mismo, más densas, en cuanto más
restos de materia poseían, cuyo efecto, fue el de atraer hacia
sí, más materia, generando lo que entendemos por Galaxias.
Galaxias que, por la misma ley gravitacional, acaban engullendo a las
más pequeñas. De ese modo, el Universo, en su perpetua atracción,
se ira volviendo más y más frió, porque, las galaxias,
serán cada vez más grandes, hasta acabar siendo una sola.
Por tanto, si esto es lo admitido por la ciencia actual, esta misma ciencia,
debería entender, que esta ley se aplique a todo; desde la atracción
interplanetaria, la atracción ejercida sobre nosotros por los astros,
hasta la atracción, entre dos seres humanos. Pues todo, se halla
sujeto, a las leyes de la gravedad.
Cuando tenía cinco años, viendo una película de serie
B, sobre hormigas gigantes, mi hermano, un año y medio más
mayor, me dijo:
- ¡Eso es imposible! Las hormigas gigantes no pueden existir. Como
no tienen huesos la presión gravitacional las chafaría.
De hecho, los dinosaurios, no se extinguieron por la caída de un
meteorito, sino por un aumento de la gravedad.
Y, la gravedad, no es solo, la causante de la regulación del tamaño
de los seres vivos, sino, que además, lo es del tiempo y del sonido.
Porque, los astros, fueron los que nos otorgaron el gran don de la palabra,
debido a que cada astro, posee una frecuencia sonora única y distinta
a la de los demás. Y dicha frecuencia o sonido, en su efecto sobre
nosotros, puede aumentar o descender, según los movimientos terrestres,
que la Tierra efectué.
En el presente libro, solo me centrare en el movimiento denominado “Precesión
de los Equinoccios”, con fin de explicar el ciclo evolutivo humano,
así como, su evolución lingüística. Demostrando,
que todo ello, esta recogido en la mitología, la tradición
y los archivos akasicos del planeta.
Después de todo, nuestra función en la existencia es con
el universo, por ser las neuronas pensantes de éste.
En definitiva, solo conociendo al universo, podemos conocernos a nosotros
mismos y viceversa.
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